El arte transforma la vida

26 01 2012

Cómo contar una historia, extracto de un libro de Robert McKee.

Una buena historia significa algo que merece la pena narrar y que el mundo desea conocer. Lograr escribirla es una tarea solitaria. Es preciso haber nacido con la capacidad creativa de juntar una serie de cosas de una forma que no se le haya ocurrido antes a nadie. (…) Todo eso y, mucho amor. La historia que queremos contar nos debe suscitar amor, hemos de creer que l visión que se tiene sólo se puede expresar a través de una historia donde los personajes pueden ser más reales que la propia gente, que ese mundo ficticio es más profundo que el verdadero. (…)

Hay que amar la verdad, se debe cuestionar cada verdad de la vida hasta alcanzar los propios motivos ocultos. Se debe amar a la humanidad, estar dispuesto a simpatizar con las almas que sufren, a meterse en la piel de los demás  y ver el mundo a través de sus ojos. Es preciso amar las sensaciones, es decir, tener el deseo de mimar no sólo los sentidos físicos, sino también los internos. Hay que amar los sueños, el placer de dejarse llevar tranquilamente por la imaginación con el objetivo de ver hasta dónde nos lleva, y dejarse fascinar por el humor y alegrarse por esa gracia salvadora que nos devuelve el equilibrio en la vida. Es necesario, además, sentir el lenguaje, deleitarse en el sonido y en el significado, en la sintaxis y en la semántica. Hay que percibir la dualidad, las contradicciones ocultas de la vida, sospechar de forma sana que las cosas no son lo que parecen. Se debe aspirar a la perfección, sentir la pasión de escribir y revisar en busca del momento perfecto. Buscar lo singular, sentir la emoción de la audacia y presentar un rostro de pétrea calma ante el ridículo. Perseguir la belleza, tener un sentido innato que atesore lo bien escrito, odie la mala redacción y conozca la diferencia. Se debe amar el yo, una fortaleza que no necesita un refuerzo constante, que nunca duda de su condición de escritor. Se debe sentir intensamente la escritura y soportar la soledad. “





Cyrano

21 01 2012

 

“Non, mon amour, je n’ai vous jamais aimé“.





2011

5 01 2012

Un año más. Otro año para echar la vista atrás, hacer resumen y recuento de anécdotas, buenos y peores momentos… Un 2011 que pasará ante mí sin dejar apenas estela. Un año con poco que subrayar, sin gracia, plano a pesar de los imperecederos altibajos. Un par de apuntes sí que haré de mi 2011. Un par de acontecimientos tan, tan buenos que el año se resumirá en eso. Del resto nos podemos olvidar. El 2011 del conejo y saturno, arduo camino de aprendizaje. Estableciendo bases.

Telefonía y rodajes; recorrida toda la península, desde Granada hasta San Sebastián pasando por Barcelona y Almería; París y sus caldos vietnamitas, en invierno y en verano; nuevos viajes a través de las películas, cientos de miles de películas; escribiendo sobre China desde el sol abrasador del verano en La Mancha; Escribiendo, pensando, elaborando, visionando. Mucho dentro. Ya quería que terminara.

Al menos ahora pienso en ti.

Necesito el cambio.

 

 





Desencuentros

3 01 2012


Ambos están convencidos de que los ha unido un sentimiento repentino. Es hermosa esa seguridad. Pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían no había sucedido nada entre ellos. Pero, ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles si no recuerdan – quizá un encuentro frente a frente alguna vez en una puerta giratoria, o algún “lo siento” o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-, pero no conozco su respuesta. No recuerdan.

Se sorprenderían de saber que ya hace mucho tiempo que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba, que se interponía en su camino y que conteniendo la risa se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales, pero qué hacer si no eran comprensibles. ¿No habrá revoloteado una hoja de un hombro a otro hace tres años o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado. Quién sabe si alguna pelota en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres en los que un tacto se sobrepuso a otro tacto.

Maletas, una junto a la otra, en una consigna. Quizá una cierta noche el mismo sueño desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio no es más que una continuación, y el libro de los acontecimientos se encuentra siempre abierto a la mitad.

 

Wislawa Szymborska