Carta al abuelo

10 11 2010

A partir de hoy voy  a transcribir algunos de los escritos de mi abuelo, Teo. Caravana de Peregrino es el título del relato poético que le dedicó a su padre, mi bisabuelo.

Caravana de Peregrino

Tú que cobraste por la idea de libertad con moneda de color de agravios y olor a cárcel.

Tú que descifraste letras de canciones que no sabías leer,

pero te sonaban bien, como suena en mi memoria esta que solías canturrear…

“Cruzando los valles mis suspiros van…

por montañas y barrancos por veredas  y caminos,

pasaba la caravana del gitano peregrino.

Cruzando los valles mis suspiros van…”

(Viejos estribillos y vivos recuerdos).

Tú que trabajaste con honradez, sudor y nervio

la tierra que te vio nacer y que desde niño pisaron tus humildes abarcas,

casi fuiste desterrado de ella por la intolerancia de algunos que se decían más cultos y mejores,

porque sabían cantar “melodías” con camisa nueva.

La tuya te la arrancaron a jirones y fuiste durante toda la vida uno de tantos descamisados.

(Pobre jilguero con alas de sueños mutiladas).

De lo que no pudieron despojarte es de tu autenticidad, de tu dignidad y de tu buen humor.

Una tarde de primavera en la que resurgieron estribillos de canciones enterradas (no olvidadas) cruzaste en un suspiro, valles, montañas, veredas y caminos.

Comenzó a amanecer sobre los rojos claveles dormidos a los pies de tu caravana peregrina.

 

Mi abuelo ve a su padre como yo le he visto a él siempre, como un pájaro encerrado en una jaula, soñando con caminos y nuevos horizontes; no para su propia devoción sensorial, sino para el bien de todos, como buen filántropo y político. Un pájaro que nunca ha dejado de cantar, y que aún hoy aunque parezca que mire lejos y que extienda sus alas para alzar el vuelo y  planear por el infinito, no deja ni por un momento de cantar lo que piensa. Como un gitano peregrino que viaja a contracorriente, siguiendo la senda de las olas del mar. Esos han sido sus sueños, por los que ha luchado durante toda su vida. Por los que no ha dejado de trabajar ni tan solo un instante de su existencia. Es por estas personas por las que el mundo cobra algo de sentido. Por las que no dejo de tener esperanza de que aún hay cordura a nuestro al rededor.

Yo no sé qué voy a hacer cuando me falte mi abuelo. No sé cómo agarrarme a él y que no se vaya sin despedirse, como hace siempre.

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14 11 2010

😦

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