Mi mancha manchega, en palabras de un argentino en los años 50

25 10 2010

“A medida que el tren se adentra en la llanura el tiempo invierte sudirección, retrocede, se hace más lento. Allí una vetusta iglesia, allá una majada, más lejosun labrador. Y siempre la extensión, la distancia, el silencio. De pronto, en el horizonte, elojo descubre una silueta estrafalaria y, detrás, otra grotesca; el que va adelante enarbola unalanza, el otro azuza su asno. Hasta que después de tres horas el tren se detiene en Alcázar deSan Juan, que es como decir la Delfos manchega porque constituye un nudo ferroviario.Desciendo, piso conmovido el suelo santo de los idealistas, pregunto por el tren al que debotrasbordar para ir a Argamasilla de Alba. Y cuando me señalaron una antiquísima locomotora y un destartalado vagón confirmé que me estaba aproximando al siglo dichoso en el cual vivió Don Quijote de la Mancha. Los cuatro pasajeros que ocupan los incómodos asientos de madera hacían más notable la ilusión, pues ese viejo campesino de nariz aguileña y un solo ylargo diente ¿no parecía maese Nicolás? Y esas aldeanas vestidas de negro, parcas y graves¿no serían Ama y Sobrina? Y la colegiala carirredonda, de mejillas sonrosadas y mirada inocente ¿no era acaso la mismísima labradora que Alonso Quijano vio apenas cuatro vecesen doce años pero a quien amó “más que a la lumbre de estos ojos que ha de comer la tierra?”.El trepidante convoy avanzaba ahora por el corazón de la Mancha. El cielo sin nubes se extendía hacia el horizonte; una mujer se inclinaba junto a su vid; un flaco jamelgo arrastraba lentamente el arado. Me acordé de Azorín: “Sólo recorriendo estas llanuras,empapándose de este silencio, gozando de la austeridad de este paisaje, es como se acaba deamar del todo íntimamente, profundamente esta figura dolorosa. ¿En qué pensaba donAlonso Quijano, el Bueno, cuando iba por estos campos a horcajadas de Rocinante, dejadaslas riendas de la mano, caída la noble, la pensativa, la ensoñada cabeza sobre el pecho?¿Qué planes, qué ideales imaginaba? ¿Qué inmortales y generosas empresas ibafraguando?”. Finalmente el traqueteo cesa: estamos en Cinco Casas, la pequeña estación deArgamasilla desde donde hay que hacer todavía un kilómetro para llegar al poblado.

(…)

Argamasilla de Alba es -a pesar de alguna discrepancia- aquel lugar de la Mancha, decuyo nombre no quiso acordarse el autor del Quijote. Los indicios son precisos yconcordantes: los versos de los académicos de Argamasilla que cierran la primera parte del libro; la tradición según la cual Cervantes empezó a escribir la obra en el calabozo subterráneo conocido como la Cueva de Medrano; el caso de don Rodrigo de Pacheco, que habría inspirado el personaje de Don Quijote; la casa de Sansón Carrasco, habitada desde tiempo inmemorial por gente apellidada Carrasco; la mención que se hace en el falso Quijote de Argamasilla de Alba como patria del héroe. Por si todo eso fuera poco podríamos agregar la fisonomía y los gentilicios de los argamasillescos -Manzaneque, Quiñones, Quintanar- que parecen salidos del libro de Cervantes. ¿Qué puede extrañar, en consecuencia, que en Argamasilla se tenga al Ingenioso Hidalgo por persona de carne y hueso, un vecino que nació,vivió y murió en el pago como cualquier otro? Por eso, cuando Azorín -tal como cuenta en La ruta de Don Quijote- se atrevió a ponerlo en duda, uno de los académicos puso el grito en elcielo: “¿Sabes lo que dice el señor Azorín? Que Don Quijote no ha vivido nunca en Argamasilla”. Esa era también, en ocasión de mi visita, la convicción de los lugareños que, en su desvarío, acababan de reconstruir un molino de viento al que habían bautizado con elnombre de Pero Pérez, el cura amigo de Alonso Quijano y ejecutor del auto de fe en subiblioteca. Locura no muy distinta de la que aquejó al buen hidalgo, y además hereditaria,como lo saben los turistas que siguen recorriendo el santuario manchego y se sientan a degustar los platos de la gastronomía local: gachas, pisto y asadillo, calderetas de cordero,duelos y quebrantos, queso de auténtica oveja merina.”

 

Por la Ruta de Don Quijote, de Horacio Castillo.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: