Sayonara, Sitges…

21 10 2010

Finalizó el Festival ya hace unos días. Empache de películas pero con un balance muy positivo de lo que ha supuesto en su totalidad. Sitges es una experiencia cinematográfica que sólo ocurre  allí. Transgresora, innovadora, pero sobre todo, divertida.

En cuanto a los premiados, sorprendida por Rare Exports: A Christmas Tale. Que sí, muy bien que Joulupukki (el verdadero nombre del personaje mítico lapón) haya llegado antes de tiempo este año; que se cuente la verdadera historia oculta y maligna de Papá Noel y se critique a Coca Cola por haber amoldado la leyenda a su propio interés. Pero más allá de una fantástica fotografía y que el pulso de la tercera mitad de la película se acelere y se sazone con humor de hombretón sami del norte de Europa, no le encontré un mayor interés. Bueno, sí, la actuación de los niños, que ha sido lo que más me ha gustado en general de todo el Festival. Muchos niños, ya lo sabemos, en el género fantástico y de terror el alma de las pelis y un casting general muy bueno.

A Christmas Tale

Una delicia que nos otorga el director Jaimari Helander para mostrarnos cómo se vive en esta despoblada zona del planeta y escuchar un cuento navideño en sami. Pero, al fin y al cabo, tal y como describimos la historia al llegar a casa, la peli va de un grupo de científicos estadounidenses que desentierran a papá noel en Laponia, salen los duendes que son hombres setentones en paños menores secuestrando niños – así, de repente- y son dos familias -padres e hijos, pues no aparece ninguna mujer en los 80 min. de metraje- con el pequeño Pietari en cabeza quienes se hacen con un plan para el día de navidad para atrapar a todos estos vejetes que corretean por la nieve. Muchísimos aplausos al final por parte del público, eso sí.

El último día vimos tres grandes películas: la Palm d’Or del Festival de Cannes, Uncle Boonmee who can recall his past lives; Bedevilled, nuestra favorita; y Finisterrae, la peor película que hemos visto nunca. Suena bien, ¿eh?

Bedevilled, coreana, dentro del Fantàstic Competició. No se llevó ningún premio, pero al menos tuvo mención especial en la Semana de la Crítica de Cannes de este 2010.

Jeng Cheol-soo nos cuenta la historia de Hae-won, que a causa de un problema en el trabajo le dan unos días libres para que se relaje y decide volver a su ciudad natal, situada en una pequeña isla cercana a Seúl. Allí se reencuentra con su mejor amiga de la infancia y con el resto de aldeanos de tan diminuta sociedad, anclados en la corea profunda y oscura de principios de siglo. Ajenos por completo al desarrollo del que uno de los países más acelerados del mundo en la actualidad. Esta historia, además de narrar lo que supone este contraste entre la modernidad -el futuro de un determinado modo de ver las cosas- y el pasado, la vida rural o el patriarcado machista – enmarca una bella historia del papel de la mujer en este país antes, ahora y después. Cocida a fuego lento, nos sumergimos en esta pequeña isla con siluetas de mujer para relacionarnos con todos sus habitantes. Primero con la sumisa Hae-won, después con su mejor amiga que ha sufrido durante toda su vida la vejación de todos los hombres jóvenes del pueblo, incluido su marido; y más adelante con la hija de esta, la dulce niña que da el punto inocente y dulce a la película.

Bedevillled

Seo Yeong-Heui en Bedevilled

Tras dos primeros tercios tranquilos y apacibles, aguantando marea y callando… conflicto y ataque. A por todos y venganza. Muy buena tercera parte, habían creado el clima perfecto para que todos estuviéramos del lado de la asesina. ¡Por las injusticias, el maltrato a la mujer, y por tantos siglos de desigualdad!

 

 

 

Uncle Boonmee de Apichatpong. Palma de Oro en el Festival de Cannes 2010. La perla del año.

Uncle Boonmee

No pude ver a la ganadora en el propio Cannes. Vi casi todas las de la selección oficial, pero ésta la proyectaron en los últimos días cuando ya notábamos el cansancio y la sinopsis no nos decía nada. Así que, tras la desilusión de haber estado en un festival tan importante y no haber podido ver a la ganadora me encantó descubrir que el tema tiraba por los derroteros de lo fantástico y que estaba en Sitges. Pero… después de verla no sabría definir qué opinión tengo acerca de la misma. Reconozco que tenía mis favoritas entre otras Biutiful de Iñárritu, y Un homme qui crie (A screaming man) de Mahamat-Saleh Haroun, y que después de ver Uncle Boonmee las recordé aún más. Seguramente me hubiera indignado al descubrir el ganador si la hubiera visto durante la muestra, pero entiendo que esta película haya sido la premiada. Trasciende a otro nivel. Apichatpong te deposita en plena selva thailandesa y allí, apáñatelas como puedas. Te envuelve la atmósfera relajante de la naturaleza, de los habitantes del bosque y de los espíritus. De los últimos días de vida de Uncle Boonme, de su relación con los vivos y los muertos; de su tono de voz tan peculiar. Significa un viaje a través de la selva, de la vida de Boonmee. En fin, no me voy a andar con rodeos, creo que esta película ha sido premiada por la forma de hacer cine que tiene el director, porque es una película que se crecerá con los años; por la fenomenal forma que tiene de contemplar el sistema de la globalización y los estragos que ha causado en las poblaciones autoctónas, culturas y pueblos del mundo. Las grandes diferencias en valores y creencias. Lo natural y lo menos natural -por no llamarlo artificial.-  Una reflexión de hacia dónde van unos, dónde van otros y que lo que dejamos atrás – que es lo que ha venido siendo hasta ahora- se va para no volver. Como en una ruptura total de dos mundos completamente diferentes. La diversidad por el Gran Homogéneo.

Os dejo un link con la única canción que aparece en la película.

Finisterrae, o lo peor que hemos visto en nuestras vidas. Es un intento de película experimental realizada por dos directores catalanes. La idea de ver a dos fantasmas recorriendo el camino de Santiago nos pareció fabulosa. Pero, por alah santo buda, resulta que es de un par de actores que se cuelgan una sábana y se largan a hacer el camino para volver a ser “seres vivos”. Son rusos y por eso toda la película, que además de lenta, está en ruso. Y el ritmo es tan lento como si en vez de fantasmas fueran tortugas… y se paran a ver cada rincón, cada hierbajo, cada paisaje. Y hablan sobre la vida en el ruso este de los doblajes tan horribles que han hecho rusos y soviéticos. Finalmente llegan a Finisterre y por arte de magia se convierten en ranas, y aparecen sorprendentemente en un palacete donde por los pasillos pasea un reno y llega un tío y ve a la rana y la besa. Y el fantasma ruso se convierte en princesa. (¡Clap, clap, clap!). Qué siestaza con la boca abierta que me pegué al lado de uno de los directores…

 

Y colorín colorado, creo que este cuento se ha acabado. Sayonara, Sitges. Nos ha encantado la experiencia y repetiremos siempre que podamos.

Agradecimientos a Ángel Sala, Pau Teixido, el chavalillo de los tickets de prensa, al camarero del Izarra, Bodegas Marfil Alella, María y familia, amb tots ustets , please welcome Fina Brunet,  los taxistas y la camarera del donostiarra… ¡¡¡por hacer todo esto posible!!!

 

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