En Familie…

16 03 2010

Una de las tres películas que más me gustaron en la Berlinale fue ésta, En Familie, danesa; lo que en español sería Una Familia. Una película de Pernille Fischer Christensen. Y sí, esta sencilla y humana película fue una de las que más nos gustó. Por su bella fotografía y, sobre todo, por el hecho de que el espectador en menos de dos horas de metraje llega a conocer profundamente a los  personajes. Y no por los diálogos ni por las palabras. Si no por un guión lleno de silencios inevitables, de cómo son las relaciones personales en el deber y en el querer, en los mejores y para los peores momentos.  Es la historia de una familia, es la historia que nos puede pasar a todos. Pero contado con mucho gusto. Una película que toca algo dentro de nosotros, pero que afortunadamente nos deja con un buen sabor de boca. Sólo apuntar finalmente  lo dulce que resulta la última escena para una película como esa. Nos gustó mucho y también poderla disfrutar en la inmensa sala del  Berlinale Palast, a las 9 de la mañana en pase de prensa. Una película sencilla, cálida, diferente sobre el amor.

Quiero compartir la visión de la directora, que aparece en el press kit que pudimos conseguir en la sala de prensa.

Todos hemos nacido dentro de un algo que ya estaba ahí, una familia. Las circunstancias, los padres, hermanos, el amor, el deber, las normas, las maneras, los valores, un lenguage. Nos dan un nombre. Somos el hijo o la hija de alguien. Pertenecemos a un lugar.

Recibimos esto como un regalo, pero también es algo que nos ha venido impuesto. Una familia es tanto un privilegio como una costumbre; si tenemos suerte, podemos contar con nuestra familia, pero también contamos con que ésta espere algo de nosotros.

Nuestro sueño de la familia es como algo estable, que no cambia nunca, pero la vida en sí misma cambia. A veces podemos controlarlo: podemos casarnos, divorciarnos, viajar, estar en casa, tener hijos o elegir no tenerlos. En otras ocasiones, la familia cambia delante de nuestros ojos. Nuevos miembros llegan, otros se marchan, a veces los más queridos y los más indispensables.

Tenemos que encontrarnos a nosotros mismos dentro de todo esto, conocer quiénes somos y qué hacer con todo lo que se nos ha dado. Se espera de nosotros que honremos a nuestros padres, pero también a decirles que NO o a defraudarles.

Y prepararnos para construir una vida que es la nuestra propia. Crear nuestra propia familia, traer a nuevos miembros dentro de la vida que tenemos preparada para ellos.

Pernille Fischer Christensen (Ganadora del Silver Bear en 2006 por A Soap).
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Croniques d’un hiver

12 03 2010

El proceso de realización de una película es algo que aún ahora mismo me sorprende. Es como coser o hacer un puzzle. Poco a poco. Detalle a detalle. Me entusiasma que el contar una historia sea un trabajo difícil. Pero, a la vez, la idea del cine tan estructurado me causa cierta sensación mezclada entre el respeto y la confusión.

Nunca había pensado que cada plano tiene un significado. Que cada objeto o color significa algo. Que una película en sí, es un mensaje determinado que una sola persona nos quiere contar. He sido hasta ahora, tremendamente inocente, lo reconozco. Quizá poco observadora.

Lo mismo me ha pasado con los guiones. Esa extraña manía por parte de los docentes de todo el mundo de ponerle una estructura a la historia. Un principio, un nudo y un desenlace. Un protagonista con un objetivo y un conflicto que le impida conseguirlo. ¡Y es verdad! Al fin y al cabo todo se reduce a eso.

¿Pero y no hay más? Sigo en mis 13 de que las historias no se pueden estructurar tanto y de esa manera. Y me abruma el comprobar que la gran mayoría han sido creadas así… tan simplemente!

Quizá ahora me doy cuenta de las grandes posibilidades del relato y de las novelas. Total libertad del creador para llegar a donde desee, y llevar al lector por todos aquellos mundos que desee sin necesidad de estar preocupado por el presupuesto, los horarios o si los actores lo hacen bien o mal.

Pero claro, no es lo mismo. No es lo mismo el trabajo de un grupo por un mismo fin. Por amor a lo que se está haciendo -creo que en muy pocos otros trabajos se consigue un trabajo tan comunitario como en el cine, donde todos trabajan por igual ya que cada cosa cuenta como la que más para el resultado final-.

Y tampoco es lo mismo el hecho de ir al cine.  No hay un placer como ese. Ver una película en común junto a desconocidos. Y si es en un festival mejor. En Sitges con la gente joven y el calor de los primeros días de octubre frente al mar. Los aplausos emocionados antes de comenzar y los vítores al final -o en medio sobretodo en la hora golfa-. Las colas en Berlín a las 7:30 de la mañana con la nieve por los tobillos y el vaho entre las rendijas de las bufandas.

Pero nada como el cine en Cuba. A 2 pesos la sesión, la sala repleta de gente sea tarde, noche.. lunes o sábado. Salas gigantes con un público entregado a la película, viviendo lo que le sucede al personaje. Calor  y cercanía en las desvencijadas sillas de los grandes teatros. Una película por sala durante un par de semanas. Aquí -en París- hay tantas a la vez que al final acabas en una sala que es más pequeña que la de tu casa con 2 ó 3 más espectadores con suerte.

Son tantas ya las historias que no sé cómo empezar… Escribir no es fácil.

Ay, y escribir un guión tampoco. Es mucha la responsabilidad. ¿Qué es lo que se quiere transmitir? ¿A quién le puede interesar? ¿Cómo dibujarlo de la mejor manera? ¿De verdad que hay que tener que decir algo, o simplemente contar una historia por contar? Es algo que hay que hacer tan bien que me bloqueo siempre al llegar a este punto.





60th Berlinale I

2 03 2010

¡Hemos derretido Berlín!

La ciudad vibraba y palpitaba de emoción a pesar de las bajas temperaturas en estas primeras semanas de febrero. Berlín estaba completamente decorada en blanco para contrastar con la alfombra roja y los abrigos oscuros. El caso es que la nieve y el frío no han impedido que el festival se llevara a cabo con total normalidad, a pesar de los resbalones inoportunos por las amplias calles de la capital alemana.

La Berlinale está hecha para recibir a varios tipos de público. Los acreditados, por un lado, los invitados, por otro, cómo no, y el público en general que desea ver lo último y mejor del panorama más internacional del cine.

Los acreditados -de diferentes categorías estudiantes, periodistas y profesionales – hacen cola cada día desde bien temprano en la mañana para conseguir las mejores entradas para el día siguiente. A las 8:30 abren las puertas por lo que es mejor llegar con una hora de antelación para poder entrar medianamente pronto. La Berlinale no es un festival para vagos. Pues levantarse a las 6:30 aprox, con la nieve y el frío. Eso sí, un punto a favor de la organización es el café gratis (y del bueno) que ofrecen a las puertas.

Continuará….