¿Viajar?

17 08 2009

El transporte en el pasado

“Hace pocos años, si se le ocurría a usted hacer un viaje, empresa que se acometía entonces sólo por motivos muy poderosos, era forzoso recorrer todo Madrid, preguntando de posada en posada por medios de transporte. (…).

En los coches viajaban sólo los poderosos; las galeras eran el carruaje de la clase acomodada; viajaban en ellas los empleados que iban a tomar posesión de su destino, los corregidores que mudaban de vara (trasladaban su poder de un sitio a otro); los carromatos y las acémilas (mulos) estaban reservados a las mujeres de los militares, a los estudiantes, a los predicadores, cuyo convento no les proporcionaba mula propia. Las demás gentes no viajaban; y semejantes a los troncos, allí donde nacían, allí morían. Cada cual sabía que había otros pueblos que el suyo en el mundo, a fuerza de fe, pero viajar por instrucción y por curiosodad, ir a París sobretodo, eso ya suponía un hombre superior, extraordinario, osado, capaz de todo;

La marcha era una hazaña, la vuelta una solemnidad (…). A su vuelta, ¡qué de gentes le esperaban, y se apiñaban a su alrededor para cerciorarse de su había efectivamente París, de si se iba y se venía, de si era, en fin, aquel mismo el que había ido, y no su ánima la que volvía sola!

Mariano José de Larra

París Qué diferentes se han vuelto los caminos del viajar. En Europa, claro, porque bien sabemos que el ser humano no fue sedentario hasta que alguien inventó la idea del orden y las raíces; la propiedad privada y los terrenos propios. Mío, mío y mío.

En agosto están todos los turistas desperdigados por el mundo. Cuanto más lejos mejor, así podemos luego fardar más a la vuelta, sobretodo en el trabajo. Si pudiéramos ver en un mapa la situación real en estos momentos de los viajeros, seguramente nos saldrían manchas enormes en unos puntos concretos. Las zonas más concurridas, donde hay algo histórico e importante que ver, pues allí vamos todos en busca del instante glorioso del verano: la foto que defina mis vacaciones. Y después corriendo a buscar una botella de agua o una cervecilla.

En este mapa quizá también aparecerían manchas en otros lugares más escondidos. Aquellos con la suerte de disponer de más tiempo y lucen una bonita guía Lonely Planet pueden adentrarse más allá  y ver lugares que sus ojos jamás imaginarían. Nos creemos exploradores de lo desconocido, porque soy yo el que está ahí y todo lo que me rodea es lo diferente.

Una de mis mayores pasiones siempre ha sido este verbo del viajar, pero también uno de mis grandes odios. El turista ataviado de sus mejores galas uniformadas (deportivas, pantalones de bolsillos y camisetas de algohodón de colores, gafas de sol y palidez en el rostro) invaden las calles y los monumentos a plena luz del día. Y todos hacen exactamente lo mismo, como si fuera un ritual. Hacer lo que la guía diga. (¿Por qué nos encanta seguir a rajatabla las indicaciones u ordenanzas de un libro?). ¿Dónde está la ilusión por el libre albedrío y el no pensar en nada? ¡Estamos de vacaciones!

Todo lo que tocamos se transforma. Nuestra presencia es motivo de cambio. En las grandes ciudades no, porque gente es igual a gente. Pero hay lugares donde hace muy poco tiempo que no tenían invasores que les robaran momentos e imagenes. Lo hacen sin compasión y egoistamente. Sin preguntar si pueden tomar esa foto. Imaginad que gente más poderosa que tú va hasta tu casa para robarte la intimidad y no puedes hacer nada. Que todas las marcas y productos que llevan encima van haciéndote tener un poquito más de inseguridad y tener más necesidades. Y no quieren ir allí para hablar contigo y compartir, no, si acaso te cuentan lo bien que se está en casa con todo limpio y colocado y todos los lujos que nos podemos dar. Nos tomamos un trago y vuelta al hotel a espanzurrarnos.

Con esto no quiero decir que el turismo sea algo negativo. Todos deberíamos viajar a donde deseemos; porque todo es positivo: cambio de aires, lugares fantásticos que ni imaginábamos, compartir con otras culturas, aprender y salir de nuestra rutina. Viajar es el mayor placer. Pero odio que esto sea uno de los mayores mercados que existen. Que existan tantas desigualdades al viajar. Que unos puedan bañarse en playas que los locales no puedan ni mirar. Que vayamos en manada. Que los poderosos enseñen con saña sus pertenencias y miren al otro con desprecio. Que vayan prodigando el inglés aunque mal hablado y no se esfuercen por mezclarse en la tierra a la que van. Por comprender o empatizar. Que haya gente que genere molestia más que lazos.

¡Que el turismo deje de ser la bandera del capitalismo!

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3 responses

18 08 2009
cotilladeloanonimo

Mucho sí, pero también un poquito de no…

19 08 2009
La Gata

que conocer una ciudad signfique hacerse su ciudadano por un día y no ser extraño en todas partes.
gracias por tu emoción, que es la mía por lo tuyo.
un café a mi salud, y a la de los piratas!
besos mininos,
la gata.

27 08 2009
Lu

Bravo!! bravo!! Qué de acuerdo estoy… De hecho, me acordé mucho de ti y de todas las veces que habíamos hablado de esto la semana pasada, cuando tuve que soportar un viaje en manada de autobús a Canadá… Todo lo que dijera el guía, nada de perderse por las calles sin rumbo fijo, y si implicaba derrochar, mejor que mejor… No sabes la de tiendas que visité, muerta de asco y tratando de consolarme en los muchos peluches de alce que había…
Me encanta cómo escribes y la pasión que le pones… Me hace feliz leerte 🙂

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