La mariposa y el mar

27 10 2008

Texto 1.- A la caza de ideas. Curso Escritura Creativa. 

Caos. Desde que la mariposa se posó en el mar. Nadie se imagina lo que
puede desencadenar una acción nimia, a veces las consecuencias pueden
ser terriblemente grandes. Como sucedió aquél día, cuando la mariposa
vio el mar por primera vez. De todos es conocido que las mariposas no
pueden vivir en el mar, puesto que con la marea, la presión  y los
fuertes vientos pueden verse arrastradas océano adentro y no poder
volver jamás.

Un día cualquiera, al norte de la isla de La Palma, una curiosa
mariposa batió sus alas guiada por una fuerza intangible, y directa y
veloz se dirigió hacia aquél lugar por el que parecía destinada a
viajar.
Aunque las mariposas batan sus alas de una manera asombrosamente
rápida, tardó más de lo esperado en llegar a su destino. Lo que
encontró allí no era nada parecido a lo que había visto antes en su
bosque de los Tilos, ese hábitat verde, salvaje y natural donde vivía
con otras mariposas.

La inmensidad se extendía ante ella, y sólo para ella. El azul mar se
mecía creando olas plácidas y tranquilas. Se acercó a él hipnotizada
por tanta belleza y color, pues el campo de flores de aquella playa
bailaba junto a ella de una manera armoniosa. Aunque los movimientos
eran lentos y apacibles entre estos dos seres, ambos portadores de
magnitud y fuerza, para la mariposa era un trabajo físico demasiado
duro y cansado para su pequeño cuerpo. La corriente marina la
embriagaba cada vez más y no pudo percibir que ya estaba muy alejada
de la playa. El baile que el mar y la mariposa practicaban en conjunto
era tan reconfortante y cansado a la vez creando una belleza tan pura
y distinta a lo que había vivido anteriormente en su bosque, que dejó
de sentirse un individuo para inmiscuirse en el todo. Sentía que había
salido de su cuerpo para compartir con el mundo lo que tenía a su
alrededor.

Como algunos cuentos y teorías físicas cuentan, las mariposas tienen
algo mágico. Según un proverbio chino “el aleteo de las alas de una
mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Desprenden de sus
alas un halo de misticismo y sublime belleza; una fuerza que puede dar
la vuelta al mundo y desencadenar un huracán. Todas nuestras acciones
tienen una consecuencia y un pequeño cambio puede tener grandes
resultados.

Las profundas aguas llamaban a la mariposa que cada vez se sentía más
atraída por su fondo. Ese azul brillante que bailaba con ella la
llamaba para que sus alas tocaran su indescriptible tacto. Sabía que
con eso se acercaba el fin, un salto hacia lo desconocido siempre es
arriesgado, pero no pudo detenerse y se zambulló.

Las acciones, entonces, se sucedieron unas detrás de otras, sin previo
aviso y a gran velocidad. Negros nubarrones se cernieron sobre el
ecuador del globo. La mayor tormenta que se ha producido jamás inundó
la zona más caliente del planeta, el Desierto del Sáhara. Desde
entonces, cíclicamente llueve en África, especialmente en esa zona,
volviendo a traer la vegetación que se comió el desierto. El
continente olvidado y torturado al fin pudo ser autosuficiente.
Millones de personas tuvieron un lugar fértil para vivir que no les
fue arrebatado, y que cuidaron natural y sosteniblemente, la misma
manera que el ser humano trataba a la Tierra al principio de los
tiempos.

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