Pincelando el otoño

2 12 2008

Un pasillo oscuro flanqueado por personas sentadas en asientos iguales. La puerta, adornada por el escudo de la playa y la palmera. Murmullos que suben de tono de vez en cuando, aguardando el papel. Un dichoso papel deseado por aquellos nómadas obligados de todo el mundo. Al lado, otra gran habitación, pero esta vez mucho más iluminada. Fotos de coches antiguos y playas adornan las estanterías. Es la puerta más fácil. La más aburrida, la más falsa. Lo bueno es que el ambiente es el mismo. La sonrisa, la melodía del canto hablado. La catársis de otro lugar dentro de ese edificio de una calle gris y tempestuosa de Madrid.

… Dos, Tres… cha cha chá…

Por otro lado, una sala a oscuras. Sillas y mesas; teteras y tazas sobre ellas. Una pantalla al fondo. Ella no sabe que está siendo observada por dos espectadores situados detrás. Su suave pelo se desliza por una fuerza etérea detrás de la silla, ondeando el mar. Parece movido por la música que sale de sus dedos cada vez que da un concierto. De sus dedos y del mástil del ingravitto  violín.

Kunming.La ciudad de la eterna primavera
Kunming.La ciudad de la eterna primavera

Una noche antes… El vestido rojo aullaba a través de las vertiginosas notas dedicadas a la luna. El piano en el casino. El público y los otros espectadores que deberían estar allí y no lo hicieron.

Otro día… una situación parecida tomó forma en las profundidades de una antigua bodega. Entre tinajas, un cantautor personal y personificado, se dirigía a su pequeño público. Guitarra, armónica, canciones de antes, de él… Sueña con ir al Woodstock del ‘69… y de ahí al paisaje blanco desde las pequeñas gotas que inician esta bella sensación.
Esos días mezclados con las historias que entran cada día por la puerta, las caras, los problemas, las necesidades… las voces, las miradas y las maneras frente al desconocido.
Estos… son los días previos a Cuba. En mi corto pero frío invierno entre la Mancha y Madrid.