Es impresionante lo que puede albergar una isla volcánica. Lanzarote es puro fuego, una sensación que pocos sitios del mundo pueden transmitir. Tierra marrón, piedra rojiza y negra, pueblos de cal blanca, palmeras y vegetación suficiente para dar vida. Las malas lenguas dicen que Lanzarote es lo que es gracias a la mano del artista y arquitecto César Manrique. En parte es cierto, porque sólo por él este lugar es único en el mundo. A veces es sólo necesaria la imaginación y el valor de una persona para cambiar la realidad establecida. Manrique construyó originalmente manteniendo el ecosistema, revistiendo el entorno volcánico con el agua, la vegetación autóctona, las construcciones de cal y las esculturas surrealistas. Un estilo sostenible y necesario que se había olvidado desde la arquitectura china tradicional y árabe. Adornó la isla con sus Juguetes de Viento, los Jameos del Agua, el Jardín de Cactus o el Mirador del Río. Y evitó que la isla se destrozara por el turismo masivo que comenzó a existir a finales de los ‘80. Quizá sus ideas y los pocos intereses económicos que suponía su arte sostenible fuera lo que le costó la vida. Suposiciones aparte, uno de mis sitios favoritos, por su historia, belleza y mi experiencia allí es Lagomar, o La Cueva, en Nazaret. Un bar-pub-restaurante excavado en la roca, creado por César Manrique como jardín de la casa para Omar Sharif -Dr. Zhivago-, que desgraciadamente perdió años después en una apuesta de bridge. Y es eso exactamente lo que es, un jardín con un sinfín de recovecos donde perderse, escaleras, túneles, una piscina, palmeras y un acceso al mismo sorteando escalones sobre el agua…
Haría, Yaiza, Playa Blanca, Papagayo, Famara, Guatiza, Playa Honda, Parque Nacional del Timanfaya… y cada uno de los rincones… de un lugar fantástico que deja a todo el mundo encantado… será porque reune armoniosamente los cuatro elementos de la vida: la fuerza de la tierra y el poder del fuego, el aire que todo lo modela y el agua que desde casi todas partes puede observarse, en esa magnitud del Océano Atlántico.
Feist – esa B.S.O… de estas vacaciones de “apagones”, barcos, mar y carretera.
