A las 5 de la mañana… en Madrid.

16 12 2008

¿Son los medios de comunicación los verdaderos motivadores del miedo en la sociedad?

 

¿Terror creado para hacer política o crear ideologías?  El terror como método para mantener el orden en el sistema. Es lógica está opinión bien fundamentada en la experiencia. Los atentados del 11-S, como ejemplo, bien sirvieron para mantener el “stablishment” Bush durante otros siete años más, “razonar” la guerra en la que se invadió Iraq en 2003, y tener bajo control momentáneo a millones de personas. Las películas de Hollywood son el arma para mantener esa misma sensación pero en períodos de tiempo más largos. Son balas de información a largo plazo. Emitir y crear sensaciones en los telespectadores a través de las imágenes son la fuerza subversiva más potente de crear ideologías. Con esto nos explicamos los porqués y las raíces de la cultura occidental actual: los principios son básicos y cada vez son los mismos en los distintos países que se comprometen a estos protocolos de identidad. Misma forma de vestir, productos de consumo, alimentación, música… Una cultura globalizada. Intensificada por los valores sobreestimados que nos lanzan a través de películas, videoclips, videojuegos, series y programas televisivos…

En la actualidad, el fenómeno de la herramienta Internet, el más efectivo misil globalizador, nos permite interactuar a tiempo real con todo tipo de anuncios y productos que venden las multinacionales occidentales, por llamarlas de una manera banal. En definitiva, que cada vez hay menos diferencias, la convergencia y el individualismo nos engullen sin apenas poder percibirlo.

Un pequeño momento de caos lleva al orden posterior más fácilmente. El ser humano para poder sobrevivir necesita el orden, casi siempre impuesto desde fuera. El miedo “al” o “en el” caos induce a la sociedad a agruparse frente al temor de fuerzas externas: terrorismo, invasiones extranjeras, cambio climático, amenazas… Frente una población mundial cada vez más numerosa, con más herramientas para estar intelectualmente mejor preparados y con la posibilidad de forjarse una capacidad crítica, el método más efectivo de control es el miedo paralizador. Las sensaciones viscerales producidas por los medios cada vez más “sensacionales” y espectaculares llegan a todos los públicos provocando sensaciones similares. Ejemplos no nos faltan.

Los productos audiovisuales -televisión, videojuegos, cine- son un fenómeno económico y social que se acentúa con el desarrollo tecnológico de las últimas décadas. La calidad visual y las películas cargadas de efectos especiales “made in Hollywood” ocupan la mayor parte de la cartelera de los multicines. Los videojuegos se han convertido en uno de los medios más potentes en nuestra sociedad, con un 54% de consumo sólo en España. La interacción y la posibilidad de elección del consumidor en este tipo de productos son los nuevos caminos que se abren en el campo del ocio: los códigos narrativos están cambiando. Ante este cambio que estamos viviendo, la cuestión es adaptarse. Los juegos y productos más vendidos son los que menos “aburren”. En estos momentos lo que consume el público es la interacción, la creación… y no audiovisuales completamente cerrados por su autor. Por ejemplo, los documentales y otros soportes de contenido educativo se están quedando obsoletos. Apenas nadie los consume por estar estancados en un formato lineal. Ante la competencia con los juegos, en especial videojuegos de violencia que son los más consumidos o productos con contenidos poco recomendables pero muy consumidos; otros contenidos de ocio sin inyección de sensaciones espectaculares y poco educativas, deberían unirse a las nuevas formas de presentación.

 

Lo que tampoco debemos olvidar es que una de las claves para el éxito de los últimos productos de las nuevas tecnologías es la capacidad de actuación del individuo que las consume y la sensación de libertad que esto produce. Un producto enviado y codificado, lineal y sin movimiento por parte del espectador llama poco la atención hoy en día. No hay “libertad” de pensamiento, acción o movimiento. Este es otro aspecto negativo infundado en la sociedad, una libertad dentro de un determinado número de acciones predeterminadas por el “juego“. ¿Es eso la libertad? El individuo siente y piensa que sí y se conforma.

¿Cómo evitar que ciertos contenidos nos invadan? ¿Cómo evitar que la información sobre temas de terrorismo se aleje de la objetividad para que no beneficie a uno u otro? ¿Cómo poder elegir un derecho a la información digno? ¿Nos estamos encaminando a la verdadera libertad de expresión y pensamiento?

Lo único importante es desarrollar la actitud crítica frente a todo, no creerse nada a ciencia cierta y opinar según el corazón justo de cada uno. Como individuos libres en contra de la avalancha informativa que cada vez nos invade por más lados.

 Yotsuba no pega ni con cola en este post. Eso es lo que importa.





Viviendo el instante

12 11 2008

Santaolalla… en Diarios de Motocicleta y My Blueberry Nights

Relato 2

Desde mis dieciocho años de edad me da miedo la muerte.

Creo que pienso sobre ello las veinticuatro horas del día. Pasé por un momento traumático que me hizo ver que el ser humano no es invencible y que la muerte nos espera detrás de cada esquina, a cada momento y en
cualquier lugar. Supongo que esta es la típica crisis por la que pasa todo el mundo, pero sé que yo la he tenido demasiado en cuenta. Creo que no supe disfrutar de mi adolescencia, ni de mis años de
universidad plenamente, tan sólo cuando me marchaba de viaje, pues me apasiona viajar. Me encanta la sensación que te produce un lugar nuevo al llegar, cuando tienes los cinco sentidos plenamente alerta. La
visión de los nuevos edificios, de las personas que hablan en un idioma diferente y que caminan a tu alrededor… Cada una con una historia diferente en otro contexto al que estamos acostumbrados. Me
encanta desplegarme por países desconocidos, todo es nuevo y sorprendente. Dejo mis preocupaciones a un lado y me vuelvo más valiente. Observo cada detalle de lo que sucede a mi alrededor y me meto en el papel de portadora de conocimientos. Saco mi cámara de fotos e intento captar todos los momentos especiales que me sucedan. Aunque tan sólo sea el vuelo de una paloma sobre un tejado, un puesto de comida en la calle, o las diferentes tiendas que podemos encontrar en todos los países.
En definitiva, me encanta viajar. Es mi capricho y mi mayor placer. Y sé que si me gusta tanto es por esto:  dejo de preocuparme y de pensar demasiado. Si os cuento todo esto es por la historia que viene a continuación, sucedió en un viaje y tiene que ver con la muerte.

Una de mis ciudades favoritas es la capital de Francia. La enigmática París. No supe disfrutarla hasta la tercera vez que viajé hasta ella. No sé porqué, no la veía tan sorprendente como otros países del mundo,
ni se me antojaba que fuera la popular ciudad del amor… era demasiado grande para mi gusto.  No me gustan demasiado las gigantescas urbes.
Como decía, la tercera vez que fui a París esta opinión cambió totalmente. Me enamoré de la ciudad. Me sumergí en ella. Visité lugares que no había visto y la degusté desde otro punto de vista.
Supe apreciar la magia que se respira detrás de cada esquina, en cada rincón, pasaje, parque o avenida.
Un día mis amigos y yo decidimos visitar el cementerio de Père-Lachaise. Es un lugar que paradójicamente se ha convertido en uno de los más turísticos de la ciudad por el simple hecho de que allí hay gente importante enterrada. Desde Edith Piaf hasta Marcel Proust, Jim Morrison y otros muchos escritores y pintores de los dos últimos siglos. Realmente, a mí esta idea no me hacía gracia especialmente, no
le encontraba ningún motivo interesante. Había visitado dos cementerios en mis veintidós años de vida y sólo por obligación. Laidea de pasar la tarde entre tumbas e inscripciones con fechas
cerradas me producía cierto mareo. A pesar de esto, no pude negarme y
nos encaminamos hasta allí. El cementerio era enorme: calles y avenidas inmensas de lápidas,
tierra y árboles;  detrás tan sólo, de unos pequeños muros en medio de la ciudad. Daba la sensación de que al traspasar las puertas entrábamos en otro mundo. En cierto modo así lo era, pues nos internábamos en el espacio donde hay más gente de allá que de acá. Un escalofrío recorrió mi espalda. No podía echarme atrás, así que tendría que aguantar esas imágenes toda la tarde. Al fin y al cabo,debía enfrentarme a ese hecho innegable.
A mis amigos parecía divertirles la idea de buscar a gente famosa que ahora vivía en ese rincón de París. El interminable laberinto de tumbas se abría más y más hacia el interior, esculturas decimonónicas nos observaban desde su sitio al pasar y aquello no parecía llegar a su fin. El gris y el verde oscuro de los árboles nos envolvía mientras visitabamos a cantantes y pintores que mis amigos querían ver. Poco a
poco me sentía más cómoda en ese lugar. Empecé a asentar la idea de que no debería ver el cementerio como algo tenebroso y que debería tomármelo con más humor.
Fue entonces cuando nos topamos con la tumba de Oscar Wilde. El gran autor de “El retrato de Dorian Gray” y otras ingeniosas obras, estaba durmiendo junto a nosotros. Apareció de repente, como salido de la
nada. En una hilera como las demás pero por su apariencia, diferente a todas. Se alzaba a gran altura: unos dos metros de alto por tres de ancho de cemento grisaceo. Y toda ella brindaba la imagen de un hombre
alado como en estado de vuelo permanente. Nunca había visto nada igual. Como nos contó uno de mis amigos, se trataba de una famosa escultura modernista que representaba un ángel con retazos y recuerdos
a los relieves del antiguo Egipto. Con esa simple visión ya estaba maravillada. Era una imagen espectacular. Pero más grande fue mi sorpresa cuando nos acercamos un poco más y observamos que la tumba
estaba completamente llena de mensajes, escritos y formas de labios dedicados  en la propia piedra. Era una fiesta de color. Rojo por aquí, frase en azul por allá, carmín de pintalabios alrededor… distintos idiomas del mundo querían dejar su mensaje a Oscar Wilde.


Leí alguno de ellos en inglés, francés, italiano, español… ¡e incluso en chino! Todos expresaban el mismo sentimiento: amor. Admiración por las letras, el arte, la estética y especial agradecimiento por el placer que este personaje, muerto hace ciento ocho años, les había otorgado tanto tiempo después a través de la lectura de sus obras. Algunos mensajes parecían salirse de la piedra por el gran sentimiento que transmitían. Oscar Wilde seguía en el corazón de millones de personas de cualquier edad, de cualquier parte del mundo. Se respiraba magia en aquel lugar del cementerio. Daba igual que no fuera un escritor contemporáneo, sus letras y sus ideas perduraban calentando el corazón de sus lectores. Sentí que mi cuerpo emanaba eternidad en ese momento. Perseguido y torturado física y psicológicamente durante
su vida por su manera tan distinta de pensar, por sus elocuentes maneras de vestir y por algunas de sus costumbres, allí se erguía, representando amor a la vida desde la muerte. Amor a las ideas, al
mundo, a las personas, a la escritura. Turistas de todo el mundo se presentaban allí para dejarle un hueco de su pensamiento y para compartir sus labios con él.

Nunca la muerte me había hecho sentir tan viva.

Como él decía: “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y
de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.

 





La mariposa y el mar

27 10 2008

Texto 1.- A la caza de ideas. Curso Escritura Creativa. 

Caos. Desde que la mariposa se posó en el mar. Nadie se imagina lo que
puede desencadenar una acción nimia, a veces las consecuencias pueden
ser terriblemente grandes. Como sucedió aquél día, cuando la mariposa
vio el mar por primera vez. De todos es conocido que las mariposas no
pueden vivir en el mar, puesto que con la marea, la presión  y los
fuertes vientos pueden verse arrastradas océano adentro y no poder
volver jamás.

Un día cualquiera, al norte de la isla de La Palma, una curiosa
mariposa batió sus alas guiada por una fuerza intangible, y directa y
veloz se dirigió hacia aquél lugar por el que parecía destinada a
viajar.
Aunque las mariposas batan sus alas de una manera asombrosamente
rápida, tardó más de lo esperado en llegar a su destino. Lo que
encontró allí no era nada parecido a lo que había visto antes en su
bosque de los Tilos, ese hábitat verde, salvaje y natural donde vivía
con otras mariposas.

La inmensidad se extendía ante ella, y sólo para ella. El azul mar se
mecía creando olas plácidas y tranquilas. Se acercó a él hipnotizada
por tanta belleza y color, pues el campo de flores de aquella playa
bailaba junto a ella de una manera armoniosa. Aunque los movimientos
eran lentos y apacibles entre estos dos seres, ambos portadores de
magnitud y fuerza, para la mariposa era un trabajo físico demasiado
duro y cansado para su pequeño cuerpo. La corriente marina la
embriagaba cada vez más y no pudo percibir que ya estaba muy alejada
de la playa. El baile que el mar y la mariposa practicaban en conjunto
era tan reconfortante y cansado a la vez creando una belleza tan pura
y distinta a lo que había vivido anteriormente en su bosque, que dejó
de sentirse un individuo para inmiscuirse en el todo. Sentía que había
salido de su cuerpo para compartir con el mundo lo que tenía a su
alrededor.

Como algunos cuentos y teorías físicas cuentan, las mariposas tienen
algo mágico. Según un proverbio chino “el aleteo de las alas de una
mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Desprenden de sus
alas un halo de misticismo y sublime belleza; una fuerza que puede dar
la vuelta al mundo y desencadenar un huracán. Todas nuestras acciones
tienen una consecuencia y un pequeño cambio puede tener grandes
resultados.

Las profundas aguas llamaban a la mariposa que cada vez se sentía más
atraída por su fondo. Ese azul brillante que bailaba con ella la
llamaba para que sus alas tocaran su indescriptible tacto. Sabía que
con eso se acercaba el fin, un salto hacia lo desconocido siempre es
arriesgado, pero no pudo detenerse y se zambulló.

Las acciones, entonces, se sucedieron unas detrás de otras, sin previo
aviso y a gran velocidad. Negros nubarrones se cernieron sobre el
ecuador del globo. La mayor tormenta que se ha producido jamás inundó
la zona más caliente del planeta, el Desierto del Sáhara. Desde
entonces, cíclicamente llueve en África, especialmente en esa zona,
volviendo a traer la vegetación que se comió el desierto. El
continente olvidado y torturado al fin pudo ser autosuficiente.
Millones de personas tuvieron un lugar fértil para vivir que no les
fue arrebatado, y que cuidaron natural y sosteniblemente, la misma
manera que el ser humano trataba a la Tierra al principio de los
tiempos.





¿Saboteo Olímpico a los Juegos?

16 07 2008

Saint Michael.Pars

Saint Michael.París

París es París. Donde parece permanecer todas las experiencias vividas y que es el resultado de todo lo que puede sucederte allí.

 

 

Como “Quien mira en las profundidades de París siente vértigo” aunque no en el mismo modo que Víctor Hugo, así sentía yo la ciudad aquella mañana primaveral a las diez en punto, desde la sombra del pilar oeste de la enigmática torre Eiffel. Observo el devenir de las personas que esperan impacientes el gran acontecimiento del día. Y no son pocas, pues desde primera hora una gran multitud de parisinos  ya se ha congregado alrededor de la famosa y gigantesca estructura de hierro. –La mayoría animados por la organización Reporteros Sin Fronteras los defensores de la libertad de prensa.- Todos acompañados de pancartas en las que puede leerse mensajes a favor del Tíbet: “Libérez les Jeux Olimpiques”, aunque desde donde me encuentro, en un punto de vista general, esa frase podría tener un significado opuesto. El paso de la antorcha Olímpica en su viaje por el mundo desde Olimpia hasta Beijing ya se ha visto enturbiado por los altercados de los manifestantes en varios países del mundo, es por esto que todas las expectativas fijan su punto de vista hoy aquí en la que se espera un movimiento de personas más intenso. La cuna de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad tomará una decisión que será de especial relevancia para la opinión pública mundial en cuanto a los Juegos que recibe China este verano.

City of Dreams

City of Dreams

 

            El primer incidente tuvo lugar cuando el sol se tornaba sobre las cabezas de las miles de personas que pretendían impedir la llegada de la antorcha a su destino. Tal vez porque el paso era más lento del habitual, pues ya llevaba una hora de retraso a su paso por los Campos Elíseos, cuando faltaban 200 metros para llegar a la torre Eiffel una multitud de brazos aprovecharon para agolparse sobre la procesión olímpica de 80 atletas y apagaron la llama. Este fue el primero de los cuatro asaltos hasta que las autoridades francesas decidieron trasladarla a un autobús que no se salvó de ser saboteado. Cuatro horas y media de tensión en 28 kilómetros de recorrido por la ciudad de la luz hasta el estadio de Charlety. Finalmente la Policía francesa y la Embajada de China decidieron que los relevos finales quedaran anulados y la vistosa ceremonia final en el estadio quedó invadida por una atmósfera de solemnidad.

           

            Ya está. Suceso ocurrido en escenario perfecto. De armas así se vale el “sistema” occidental para que no suceda lo que puede pasar si China sale de sus Juegos con éxito.  -Imágenes, símbolos y tópicos ante la amenaza económica que se auguraba desde hace décadas y que ahora está a la vuelta de la esquina.- Generar cierta imagen con una connotación designada exclusivamente por diversas razones estratégicas.

Dali. Yunnan. China

Dali. Yunnan. China

 

            “En el fondo – dijo Gregorovius-, París es una enorme metáfora”. (Rayuela de Julio Cortázar)





Revolución Mental

14 07 2008
Mirador del Ro, Lanzarote.

Mirador del Río, Lanzarote.

(Relato escrito para la asignatura Sistema Mundial de la Información).

Érase una vez una república en una isla situada, un país donde su gente se había habituado a no pensar demasiado debido a las “aparentes” facilidades que el Estado que les gobernaba les ofrecía. Medios de comunicación que inyectaban de modo sugerente a través de sus pupilas cómo vivir, así como códigos y tópicos que asignaban significados simples para cada situación, objeto o ápice de la realidad que percibían sus sentidos. Poco a poco los habitantes de esta ínsula aprendieron a dejar de utilizar el lenguaje que les había permitido la libertad de pensamiento, pues mecánicamente las facultades cerebrales de este arte humano se redujeron y atrofiaron muy rápido. Todas necesidades materiales cubiertas, sus vidas en manos de un Estado opresor de mentes a cambio de la libertad física idealizada.

 

Como por ley natural sucede en toda situación de extremos, un polo de poder está sustentado y mantenido por un polo contrario, representado por las minorías que intentan escapar o combatir lo establecido. Por esta razón quizá, todos los ciudadanos recibieron durante la mañana de un día cualquiera un vídeo por correo electrónico, firmado con el nombre de un viejo científico notorio, amante en secreto de la física cuántica, cuyas ideas eran correctas al régimen. Conocía bien el funcionamiento del Estado porque trabajó para él durante toda su vida, así le fue fácil burlar a las autoridades y enviar la creación cinematográfica para la que había dedicado su vida en secreto. Había esperado con fervor el momento adecuado para difundirla. Precipitarse en un momento anterior hubiera sido demasiado arriesgado – pues ya imaginamos qué sucede con las personas que intentan sobresalir del sistema – y necesitaba tiempo para tener todos los cabos atados. Ya no le quedaba nada por perder, sus años de espera, trabajo y dedicación acompañados de una soledad por la que había tenido que pasar forzosamente habían llegado a su fin.  

 

 En el filme se sucedían unas imágenes rápidas cuidadosamente estudiadas en las que expresaba que aquella isla estaba preparada para cambiar el mundo y la historia gracias a la sentencia de muerte a la que habían destinado al lenguaje. Éste era el inicio de la Revolución Mental. El ser humano había estado subyugado y cercado a lo largo de toda su existencia por el lenguaje. Éste no le había permitido desarrollar sus posibilidades por completo – tan sólo un 14% del cerebro, tal y como lo aludía Freud comparándolo con un iceberg-. A través del lenguaje el poder soberano había controlado a la humanidad de manera unidireccional.

 

Los sentimientos más profundos, los instintos y lo sobrenatural sólo se podían entender y percibir sin hacer uso del lenguaje, por esto había que desarrollar esta nueva faceta para lograr la independencia y enmendar los fallos del pasado. Proponía un cambio drástico y auténtico, no a través de las palabras sino de las imágenes que borboteaban de la pantalla frente a los espectadores.

 

            Nadie sabe qué pasó después. Para los más idealistas cuyas utopías se hacen realidad día a día porque son posibles, quizá la semilla quedó sembrada y la Revolución Mental fue posible. Para los más escépticos, amantes de las verdades materiales y de lo que se capta a través de los sentidos, tal vez fue un vídeo que ya nadie pudo entender y quedó guardado en aquella franja del sentido común donde guardamos los libros viejos, lo aprendido en las escuelas y queda allí relegado en la oscuridad alimentando polvo.